sábado, 1 de marzo de 2014

GUIOMAR, el amor platónico de Antonio Machado

Guiomar



Pilar de Valderrama, un amor platónico.
(Madrid, diciembre 1898- íd..15.10.1979)

(Publicado en Rosa del Aire)

Es hija del Gobernador de Zaragoza y sus ideas son conservadoras. Su poesía ocupa
 un lugar estimable en el llamado periodo post-modernista y busca expresar soledad y melancolía. Es también autora de algunas obras de teatro. Pilar contrae matrimonio con
 el ingeniero Rafael Martinez de Romarate y en 1923, publica su primer libro de poemas:
 Las piedras de Horeb, lleva ilustraciones de su esposo y la portada es de Victorio 
Macho, su cuñado.

No hallaréis en mis versos canto sonoro,
Ni pasionales gritos de amor y celos…

Poco después inician un viaje a Venecia y escribe, Huerto cerrado (1928) Pilar envía un ejemplar, a través de una amiga, al poeta Antonio Machado, por el que siente admiración, aunque todavía no le conoce personalmente.


Sé que vivo en tu vida, aunque jamás me has visto,
que nunca se cruzaron tus ojos con mis ojos;
sabes que estoy lejana de ti, pero que existo,
ignoras si soy rubia, si son mis labios rojos.

Tu espíritu poeta que al mío va buscando,
no piensa en mi figura, si soy joven o vieja,
si viví sin amores o si vivo siempre amando,
si soy flor donde extrajo ya sus mieles la abeja.

Como van los sonidos por las ondas sonoras,
viene tu pensamiento a fundirse con el mío,
y llegan tus gemidos hasta mí cuando lloras,
como llegan tus risas hasta ti cuando río…


En su libro: Sí, soy Guiomar. Memorias de mi vida, escrito en 1975, coincidiendo con el centenario del poeta, pero publicado después de la muerte de la autora, en 1981, dice: 
“Yo que nunca tuve en la memoria ni los versos míos, me sabía los suyos de tanto             repetirlos en silencio”


Coincidiendo con el segundo libro de Pilar, el matrimonio Martínez-Valderrama creó en 
su propio hotel del Paseo de Rosales, un teatro íntimo, denominado Fantasio, precursor
 de los que más tarde se crearían como teatros de cámara. En él se representaron obras  
de ensayo, modernas y clásicas, incluso la propia escritora escenificó su romance: 
Sueño de las tres princesas.


En 1928, fallece prematuramente su hijo y trata de buscar tranquilidad y olvido en 
Segovia, donde se aloja en un hotel. A través de una amiga común le hace llegar una
 tarjeta al poeta y se produce el encuentro. “No puedo expresar la emoción que tuve al encontrarme con él y estrechar su mano. Era el poeta tan admirado el que estaba ante 
mi”. A partir de ahí los encuentros se suceden en Madrid y también las cartas, él le lleva diecisiete años. A pesar de producirse ya las infidelidades de su esposo, Pilar escribe a Machado, diciéndole: “ Por fidelidad a mis creencias, a mis hijos y a mí misma, no puedo ofrecerle más que una amistad sincera, un afecto limpio y espiritual, y que de no ser 
aceptado así, no nos volveremos a ver”. 
Él contestó: “Con tal de verte, lo que sea. ¿Tendremos que arrepentirnos algún día de 
ser demasiado buenos?. Arrepentirse de la virtud, ¡extraña paradoja!”.


En 1930, publica Esencias, al cual Machado dedicó un extenso artículo en El Imparcial. 
Dice: “Pilar de Valderrama no es solo piadosa, es también apasionada, fervientemente 
vital, llama que aspira a poca luz, pero que arde y quema… Obra sincera y algo extemporánea… Obra muy de mi gusto”. No podía ser menos, en él hay poemas del 
propio Machado. Dice ella: “Fue entonces amor sublime lo que hubo en aquel 
conocimiento, en aquel encontrar lo escondido para todos y que únicamente se
 revelaba a uno solo. Y tras del hallazgo, la fusión de las almas –acaso no la de cuerpos; pero ¿qué importaba?-. Y en ella una dulzura infinita, como de perpetuarse uno en otro hasta la inmortalidad”.

 En el poema subtitulado “Canción triste” dice:

Hoy he vuelto a mi Jardín
de la Fuente del Amor,
que canta y cuenta sin fin
su dolor…

En el “Coplero íntimo”, Machado subraya esa ausencia:
Amar es un siempre, ¡siempre
la sed que nunca se acaba
del agua que no se bebe.

Cuando callamos los dos
¡qué claramente se entienden
Corazón y corazón!.
Quise asomarme a la vida
sin careta y sin disfraz.
Todos rieron. Volví
a ponerme el antifaz.


Y Pilar responde con algo tan revelador como logrado:
Quise dejar de quererle
a poquito de tratarle,
y comprendí que, ¡tan pronto!,
ya era tarde…

En vida de Antonio, Pilar no vuelve a publicar poesía, sin embargo, publica: Un tercer mundo(1934). Obra en tres actos. Un tercer mundo, un espacio en el que entre once y 
doce de la noche, los personajes hacen coincidir sus pensamientos. Y la obra, también, teatral: La vida que no se vive. En 1935, la poetisa “está dominada por un gran malestar”, escribe suTestamento de un amor imposible y se lo hace llegar a Segovia, en él dice:
…Si yo muero antes, llegarás a mi tumba
a llorar y llevarme una muda oración.
Y una rosa sangrienta cortarás de su rama
Que subirá a buscarte desde mi corazón.
…Y al fin, irás un día a tenderte en el suelo.
¿Cerca o lejos? ¡Qué importa! Por la vida pasó
Este amor sin mancharse, y al reencontrarnos luego,
Con mi mano en tu mano, te llevaré hasta Dios.
El poeta le contesta con un vaticinio: “Por ese camino iré yo antes que tú”. 

El alejamiento y la incomunicación durante los tres años de la guerra, le llevaron a
 pensar a Antonio, que se había producido un alejamiento total. Dice ella: “Yo tenía una 
familia, unos hijos que no podía abandonar”. Machado escribe sus “Canciones a 
Guiomar”, con un cierto poso de amargura por su falta de noticias, no volverían a verse, el poeta fallecía en 1939. Ella se enteró de su fallecimiento estando con la Compañía de 
Teatro Nacional en Palma de Mallorca, con la obra de Jacinto Benavente, “El príncipe 
que todo lo aprendió de los libros”

Pero Guiomar no olvidaría nunca a su amado poeta. En 1941 publica Holocausto
inspirado en la muerte de su hijo, en él figura un soneto- prólogo de Manuel Machado. 
En 1954, fallece su marido y escribe un nuevo libro Espacio (1958) y lo inicia con una “Dedicatoria amorosa”.
Leélo poco a poco, y que al hacerlo sientas
que estas raíces mías van arraigando en ti.
Que ya mis sentimientos, más que míos, son tuyos:
que yo en ti he florecido, tú has florecido en mí.

No vuelve a publicar en vida, aunque nunca deja de escribir y entrega a una de sus hijas
, el libro: De mar a mar para que sea publicado después de su muerte, los últimos 
sonetos están fechados en 1971. Pilar de Valderrama tenía 81 años cuando fallece, junto
 a ella están sus hijas Alicia y Mari Luz.

Me queda poco ya, Señor, muy poco
para ir junto a Ti, y no me quejo
que lo que tengo aquí, lo que aquí dejo
es la revolución de un mundo loco.

Sus cartas a Antonio Machado fueron escritas entre los años 1928 a 1935 y se las dejó 
en depósito a su amiga María Estremera durante la guerra, unas treinta y tres cartas 
carecían de fecha y dedicatoria. Una de ellas, sin duda de las primeras, es esta.
“No puedo expresar la emoción que tuve al encontrarme con él y estrechar su mano. Era
el poeta tan admirado el que estaba ante mí, con su desaliño, sí, pero con un rostro bondadosísimo, una frente ancha y luminosa, una cabeza, en fin, admirable sobre un 
cuerpo alto, desgarbado y poco atractivo. Al verme, no supe qué pasó por él, pero advertí que se quedó como embelesado, pues no cesaba de mirarme y apenas habló para decirme 
cuánto sentía estar tan ocupado con los exámenes, que no podía acompañarme ni 
atenderme como sería su deseo. Añadió que dos días después terminaba su actuación 
en el tribunal y tenía que irse ineludiblemente a Madrid, lo que lamentaba, pues le 
agradaría verme y serme útil”.

Carta de Antonio Machado a Guiomar
Lunes, en “nuestro rincón”.
Aquí, en nuestro rincón, vida mía, empiezo mi carta cuando tú no habrás llegado todavía 
a tu casa. Así combato yo la amargura de este momento terrible de la separación, ese 
principio de tu ausencia, tan violento, que es tanto como un desgarrón en las entrañas. 
Porque así pienso yo que estas palabras mías te llegan al oído y te acompañan en el 
camino. Adiós, mi diosa, mi vida, mi gloria! Aquí se queda tu poeta con la ilusión… con la conciencia de que es una ilusión el tenerte todavía a su lado. Ay, ahora cuánto sufro! 
¡Qué soledad tan grande! Pero, también, qué momentos de suprema alegría acabo de 
vivir. Y cuando pasen estos momentos del tránsito de tu presencia a tu recuerdo, que 
son los verdaderamente trágicos, volveré a ser feliz con tu imagen rememorando y 
recordando una por una tus palabras y tus labios y tus ojos! Cuánta vida has venido a 
dar a tu poeta! Y cuántas cosas no te he podido decir, porque la emoción no me permite coordinar mis ideas cuando estás a mi lado. El amor tiene más gestos que palabras, y 
cuando se complica con la necesidad del freno… Ay! Tú no sabes bien lo que es tener 
tan cerca a la mujer que se ha esperado toda una vida, al sueño hecho carne, a la diosa… Ahora que estoy solo, quiero llorar un poco, de amor, de gratitud, si no se me rompería el 
corazón.
-Son las diez y media. Comienzan a venir gentes alegres. Es día de feria, de moda –me ha
 dicho el mozo- en esta casa. Yo me voy a la mía”

Lo que parece la puerta abierta a un laberinto de pasiones y sexo desatado, fue la 
puerta abierta a una estricta amistad impuesta por ella, un amor platónico sin contacto 
físico ni material. De este amor nacieron ciento cuarenta cartas escritas por Machado en
 un lapso de siete años, de las cuales no todas se salvaron de la guerra civil. La última 
de Pilar a Antonio la escribió el día 13 de junio de 1936.

Conferencia pronunciada por Mª Rosa Jaén
(R.J.M./23.2.12) 73 años de la muerte del poeta.

sábado, 1 de febrero de 2014

Reseña de Manuel López Azorín sobre Mujeres en el umbral de la historia

SÓLO LA LUZ ALUMBRA, Blog de Manuel López Azorín



Reseña: Mujeres en el umbral de la historia
Autora: María Rosa Jaén


A finales de mayo del año que nos acaba de dejar, la tarde en la que vino Luis Alberto de Cuenca a presentar Romancero flamenco, mi último poemario publicado, María Rosa Jaén Moreno me trajo su volumen Mujeres en el umbral de la historia, libro editado en 2005 por laAsociación de Escritores y Artistas Españoles, del que nada sabía y le prometí leerlo con mucho interés ya que el tema de la mujer, tan olvidada siempre en la historia, tan a la sombra siempre del hombre, merecía dedicarle atención. He tardado tiempo en disfrutarlo, la poesía tiene la culpa y, finalmente, quiero reseñar aquí este valioso texto que reivindica a todas esas mujeres sombra, con más luz muchas veces que muchos de los hombres que conforman la historia.


Luis Alberto de Cuenca
en su prólogo a las epístolas dedicadas a las mujeres que cruzaron el umbral de la historia dice: Si hay en el mundo una revolución pendiente, ésta es la de la mujer. Maria Rosa Jaén es muy consciente de ello, y ha aportado su granito de arena para situar a la mujer en el lugar que le corresponde. La verdad es que, más que una partícula elemental de materia arenosa, lo que María Rosa pone ante nuestros ojos es una playa entera. Su colección de mujeres abarca varias épocas y se detiene en el siglo XVI. Nos consta que tiene pensado continuar, pero de momento se ha detenido ahí, en el umbral del renacimiento, transmitiéndonos su convicción de que la mujer medieval hispánica -cristiana, mora o judía- desempeñó un papel más importante que el que viene otorgándosele.



Dividido este volumen en tres grandes secciones,
Mujeres hispano árabes. Trabajadoras medievales hispano judías y Algunas mujeres históricas y voces literarias, secciones que a su vez están conformadas por cartas o epístolas dirigidas a estas mujeres.

Mujeres como las poetisas Hassana, la más antigua (Elvira, Granada, principios del siglo IX), Hafsa y Umm, dos poetisas guadalajareñas (siglos X y XI) y Nazhun bint al-Qalai (Granada, siglo XII), llamada la poetisa insolente.La juglaresa Gerena, de la que ni siquiera sabemos su nombre y que fue citada por Alfonso Baena en su "Cancionero". María Sarmiento a la que se podría considerar la primera poetisa mística por sus octavas de carácter religioso escritas en el siglo XV. Florencia Pinar de quien se dice es la primera poetisa en castellano que participó en los juegos florales iniciados a partir de 1485, en el Cancionero General de Hernando del Castillo, publicado en 1511, se recogen cuatro canciones y algunas otras atribuidas a Pinar y en el Cancionero de Rennert se le atribuyen otras glosas.

Cito aquí. seguramente por pasión por la poesía, a mujeres poetas o poetisas, tanto da, pero Maria Rosa Jaén Moreno se dirige con el mismo fervor que a ellas, a mujeres astrónomas, maestras, siervas y princesas, campesinas y pastoras, regatonas y tenderas, hilanderas y moriscas tejedoras, artesanas y constructoras, mancebas y alcahuetas, viudas, tutoras, reinas... y os aseguro que es una delicia leer esta cartas que la autora de estas Mujeres en el umbral de la historia, ha escrito con gracia, afecto e investigación exhaustiva que, seguramente, le habrá llevado años ( que yo sepa inició su labor investigadora, sobre las mujeres españolas de los siglos X al XIX en 1992) el resultado, es este volumen que llega hasta el siglo XV, merece la pena.


María Rosa Jaén Moreno nos dice en la introducción: Difícil ha sido siempre para las mujeres, adentrarse en los distintos campos del saber y superar las desigualdades y trabas impuestas para realizar determinados oficios. En España, hasta la primera mitad del siglo XX, los prejuicios han hecho que se considere siempre a la mujer con una función intrínsicamente femenina: dedicada a sus labores domésticas, cuidadora de padres, esposo, hijos y nietos, salvo excepciones y en determinados momentos históricos, cuestión aparte es la del abismo existente entre las clases sociales. El hecho evidente es que la enseñanza femenina ha sido siempre inferior a la masculina, sin olvidar que la coeducación es un tema bastante actual. Todo ello ha contribuido a la desconfianza en el propio ser femenino como persona apta para desenvolverse en actividades intelectuales o dentro de las esferas laborales específicamente masculinas.


Y no se puede estar más de acuerdo. Por mi parte, recuerdo haber dedicado algunas entradas que tratan este tema que es "sombra " sobre las mujeres.Lamentablemente las mujeres, incluso en la actualidad, aún continúan, en muchos aspectos, a la sombra y sin embargo, sabemos que la luz no es cosa de sexos y que del mismo modo alumbra, o no, tanto en hombres como en mujeres. Lean este libro amigos lectores, lean, disfruten con su lectura y reflexionen también.

Manuel López Azorín

miércoles, 8 de enero de 2014



miércoles, 11 de diciembre de 2013

ZENOBIA, REINA DE PALMIRA

                        

                          ZENOBIA, REINA DE PALMIRA

Una mujer que pudo cambiar la Historia


 Septimia Bathzabbai Zainib, más conocida como Zenobia - (Nace aproximadamente el 23 de diciembre 245 – 247) Fue reina de Palmira entre los años 267 d.C. y 272 d.C. De esta reina guerrera se dijo que era más inteligente que Cleopatra y de igual o superior belleza. Un poeta la describió como: “Mujer de cabellos oscuros, señora del desierto sirio”.

   Fue una reina culta que dominaba a la perfección el árabe, arameo, griego y copto. Fomentó las artes, fue una gran administradora, política y guerrera. Manejaba el arco con tanta destreza como los famosos soldados de su ciudad, con frecuencia montaba a caballo y, a menudo, caminaba con los soldados tres o cuatro millas.

   Zenobia se casó con el rey de Palmira Septimio Odenato hacia 258 como su segunda esposa. Ella tenía un hijastro llamado Hairan, hijo del primer matrimonio de Odenato. Alrededor de 266 Odenato y Zenobia tuvieron un hijo, Lucius Iulius Aurelio Septimio Vaballathus Atenodoro, más conocido con el nombre de Vabalato. Era el segundo hijo para él, que tenía otro de su primera esposa. En el 267, el marido de Zenobia y su hijastro fueron asesinados, cuando Vabalato tenía solo un año de edad, por lo que su madre sucedió a su esposo y gobernó Palmira. A Zenobia y su hijo le fueron otorgados los títulos honoríficos de Augusta y Augusto.



   La ciudad oasis de Palmira, estaba situaba a unos 210 kilómetros al noreste de Damasco, en medio del camino del Mediterráneo, al oeste y del río Éufrates, al este. Ciudad importante para Roma en dos campos: el económico y el militar. Palmira era una ciudad claramente comerciante, como demuestran sus dos divinidades, Arsu y Azizu, dioses montados sobre un camello y un caballo respectivamente, que protegían las caravanas que traían riquezas a la ciudad desde el este y el oeste. Su ejército contaba con arqueros y catafractos, que eran unidades de caballería pesada en la que tanto el jinete como el caballo llevaban armadura. Con el tiempo Odenato se nombró a sí mismo, rey de reyes, probablemente para insultar al rey persa que solía adoptar este mismo título, Odenato mantenía firme la frontera oriental del Imperio Romano frente a los sasánidas.

   En el año 267 d.C. Odenato fue asesinado junto a su heredero, Septimio Herodes. Con su muerte el reino de Palmira pasó a su esposa, que proclamó emperador a su hijo Vallabato, actuando ella como regente, pues su hijo tenía algo más de un año. Zenobia, se ganó el respeto y el apoyo de sus súbditos gracias a sus dotes como administradora y su amplia cultura. Uno de sus consejeros fue el filósofo y retórico Casio Longino, que era conocido por ser “una biblioteca viviente y un museo andante”.

   Zenobia fortificó y embelleció la ciudad de Palmira con una avenida custodiada por grandes columnas corintias de más de 15 metros de altura. podían encontrarse cerca de doscientas estatuas en sus columnas y en las paredes del ágora. Las murallas que rodeaban la ciudad, según se decía, tenían 21 kilómetros de circunferencia. En el año 271 mandó erigir un par de estatuas de ella y de su difunto esposo. La ciudad contaba con una población que superaba los 150.000 habitantes y estaba llena de hermosos templos, monumentos, jardines y edificios públicos, entre ellos destacaba el Templo de Bel (Sol).



   En el año 268 d.C. Zenobia subleva al reino de Palmira e intenta crear su propio imperio, con la intención de dominar a los dos imperios que le flanqueaban; el Imperio Sasánida y el Imperio Romano. Gracias a sus campañas militares, creó un imperio que abarcaba toda la Asia Menor. En el 269 d.C. llegó incluso a dominar Egipto, aprovechando que en el reino faraónico se había levantado un pretendiente que disputaba el trono romano. Zenobia junto con su ejército marchó hacia Egipto y derrotó al rebelde, apoderándose del país. Se proclamó reina de Egipto y acuñó monedas con su nombre. En ese momento su reino se extendía desde el Nilo hasta el Éufrates. La llamaron "señora de Oriente".

   De Zenobia se dice, que cazaba con la pasión de los hispanos. Bebía frecuentemente con los generales, aunque normalmente era muy sobria; también bebía con persas y armenios con el fin de mostrarse superior a ellos. Utilizó vasos de oro con piedras preciosas en los banquetes, sirviéndose de aquellos que habían pertenecido a Cleopatra. Tenía la dureza de los tiranos, cuando la necesidad lo exigía; la clemencia de los buenos príncipes, cuando la indulgencia lo reclamaba. En materia religiosa fue bastante tolerante aunque se consideraba adoradora del dios Sol, a quien celebraba en el solsticio de invierno.

   Vivió con pompa real. Prefería ser venerada según los modos persas y dio banquetes a la manera en que lo hacían los reyes de esta nación. Según la costumbre de los emperadores romanos, marchaba a las asambleas públicas cubierta con un casco y ceñida con una faja de color púrpura, de cuya orla colgaban piedras preciosas, y que tenía en medio un brillante de forma de caracol, prendido como un broche de mujer y con uno de sus brazos desnudo.

   El emperador Aureliano, subido al trono en el año 270 d.C. Tras estabilizar la frontera del Danubio, mandó algunas de sus fuerzas hacia Egipto y el grueso de su ejército hacia el este a través de Asia Menor. Zenobia contaba con un gran ejército, formado por sus arqueros y catafractos comandado por dos generales. Pero Aureliano conquistó Egipto y lanzó sus fuerzas hacia Siria. Zenobia fue derrotada en Emesa (actual Homs), y se retiró a Palmira. Aureliano sitió la ciudad. Palmira había hecho acopio de víveres y confiaba en la fuerza de sus excelentes arqueros, esperaba resistir durante meses, pero gracias a los jefes árabes del desierto, que Zenobia había desdeñado, Aureliano venció la resistencia de la ciudad.

   Zenobia confiada en conseguir ayuda, se fugó junto a su hijo hacia Persia, para pedir la ayuda de Chapur, "Rey de reyes" de los persas, pero los romanos la capturaron en el río Éufrates, en el momento de embarcarse. Al llegar la noticia a Palmira la ciudad abrió sus puertas a los romanos, rindiéndose en el año 272 d.C. La ciudad de Palmira, recibió el perdón, pero unos meses después, ante el asesinato de la guarnición romana que el emperador había dejado en la ciudad por parte de sus habitantes, la ciudad fue saqueada y se derribaron sus murallas. Aunque Aureliano acabó para siempre con Palmira como potencia no destruyó la ciudad por completo, dejando que pudiera continuar con su existencia como modesto centro comercial. Actualmente, de la ciudad que un día rivalizó con las más imponentes del Imperio Romano, solo quedan ruinas de su glorioso pasado.



   No se sabe que ocurrió con su hijo Vallabato, el joven rey en cuyo nombre gobernaba Zenobia. Es posible que muriera en el momento que se rindió Palmira o quizá, como aseguran otras fuentes, murió cuando el barco que le transportaba hacia Roma naufragó ante las costas de Iliria. De Zenobia se dice que era tal su castidad que si no hubiera tenido el propósito de concebir, ni siquiera hubiera conocido a su marido. Pues, si en alguna ocasión se acostaba con él, mantenía su continencia hasta que llegaba la menstruación, por ver si estaba embarazada, y sólo en caso contrario le daba de nuevo la oportunidad de tener hijos.

  Se dice que Aureliano la perdonó y le dio una villa campestre cerca de la famosa villa de Adriano, donde estuvo el resto de su vida. En efecto, durante el desfile triunfal del año 274 d.C. en Roma, Zenobia que se jactaba de proceder del linaje de las Cleopatras y los Ptolomeos, desfiló con su diadema imperial y sus joyas, arrastrando unas pesadas cadenas de oro y diamantes que dos esclavos le ayudaban a sostener.

  Se conserva una carta de Aureliano que testimonia el peculiar cautiverio de esta mujer y cómo algunos de sus generales, le recriminaron que él, el más valeroso de los hombres, llevase en su triunfo a una mujer, como si se tratase de un general cualquiera, él envió una carta al senado y al pueblo romano, defendiéndose en estos términos: «... se me acusa de no actuar virilmente por llevar a Zenobia en el paseo triunfal. Aquellos que por esto me reprenden no podrían alabarme bastante si supieran qué mujer es ésta, si conocieran su sabiduría en las decisiones, su firmeza en las disposiciones y su severidad frente a los soldados; cuán generosa es cuando la necesidad lo requiere, y cuán rígida cuando la disciplina lo exige. Y no hubiera respetado su vida si no se supiera que ella fue muy útil al Estado romano, al retener para sí o para sus hijos el poder imperial en Oriente. Así, pues, que éstos, a los que nada complace, guarden para sí el veneno de sus propias lenguas...."

  Cuando Aureliano la hizo prisionera, tras ser conducida a su presencia, la inculpó en estos términos: «¿Por qué, Zenobia, te has atrevido a desafiar a los emperadores romanos?». Dicen que entonces ella contestó: «A ti, que has vencido, te reconozco como emperador, a Galieno, a Aureolo y a los demás príncipes no los consideré tales. Confiando en que Victoria fuera semejante a mí, deseé, si la magnitud del territorio lo hubiese permitido, compartir con ella el poder real».

   Así, fue conducida en un paseo triunfal tan pomposo como ningún otro de los presenciados por el pueblo romano. Engalanada, en primer lugar, con unas gemas tan enormes que se fatigaba por el peso de sus adornos. Pues, según se dice, esta mujer tan valerosa se detenía a menudo diciendo que no podía soportar el peso de sus joyas. Además, sus pies estaban atados con cadenas de oro; sus manos, con unas esposas del mismo metal, y en su cuello no faltaba un grillete, también de oro, que sostenía delante de ella un bufón persa.

  El perdón de Aureliano se debió más a motivos políticos que a su caballerosidad. Aureliano, había observado que el sentimiento a favor de Zenobia recientemente había provocado otra revuelta en Palmira y en Egipto seguían existiendo simpatías por la reina de Palmira; así que era más fácil acabar con estas simpatías convirtiendo a su reina en una matrona romana viva, casada e instalada cómodamente en su casa cerca de Tívoli que mantenerla en la memoria como una reina guerrera martirizada en su lucha por la libertad.




                                   Fiesta de la Natividad

   Zenobia celebraba su propio nacimiento con el natalis invicti solis, coincidiendo con el solsticio de invierno, el 23 de diciembre. Los romanos que hasta entonces habían celebrado las fiestas saturnales durante una semana, en el año 274, Aureliano instauró la fiesta anual del Sol, el 25 de diciembre La acción fue de una gran repercusión. Cuando el imperio se hizo cristiano, y dado que en los libros sagrados no se establece en que época del año tuvo lugar el nacimiento de Cristo, se transfirió a esa fecha para que las personas a las que les gustaban las fiestas antiguas, pudieran convertirse al cristianismo sin abandonar sus festividades, encontrando más aceptable la nueva religión. Es curioso pensar que, en última instancia, es a la reina Zenobia a quien se debe el que la gente celebre la Navidad”.

(R.J.M./11.12.13)


"Zenobia mirando a Palmira"  Herbert G. Schmalz (1856-1935)
Fotos Internet
Natividad - Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682)

domingo, 1 de diciembre de 2013

HENRIETTA LEAVITT, ASTRÓNOMA DEL SIGLO XX


Henrietta Swan Leavitt
(1868-1921)

Nació en Lancaster, Massachusetts y se graduó en la la Universidad de Oberlin (1888) y posteriormente en la Universidad de Radcliffe, en 1892. En 1902 se convirtió en miembro permanente del personal del Havard College Observatoy. Pronto destacó por su capacidad y dedicación dirigiendo el departamento de fotometría fotográfica estelar. Pasó mucho tiempo buscando en las placas fotográficas de Harvard estrellas variables en las Nubes de Magallanes. Haciendo uso de un laborioso proceso denominado de superposición, en 1904 descubrió 152 variables en la Nube Mayor de Magallanes y 59 en la Nube Menor. Al siguiente año halló 843 nuevas variables en la Nube Menor de Magallanes.

La historia de Henrietta Leavitt es ciertamente desconocida para el gran público. No figura en muchos libros, ni es conocida a pesar de haber sido una mujer que hizo descubrimientos importantes en un mundo de astrónomos, tradicionalmente «sólo de hombres». Tal y como se cuenta, Leavitt no recibió grandes reconocimientos en su día, ni ninguna medalla, ni premio. Pasó a la historia sin que quedaran tras de ella demasiados documentos sobre su vida, buena parte de la cual sigue siendo un misterio.

En el Observatorio del Harvard College donde comenzó a trabajar para el astrónomo Edward Charles Pickering, muchas mujeres como ella realizaron trabajos de «calculadoras», en parte por vocación, en parte por afición, por lo que ahora equivaldría unos ocho euros la hora. Literalmente, se les pagaba por trabajar, no por pensar.

Las mujeres en Harvard, no podían matricularse en la universidad, mucho menos dedicarse a algo que no fuese ser maestra, costurera, criada o cuidar de su hogar. ¿Por qué contrató Pickering a mujeres? Eran más meticulosas, sistemáticas y habilidosas clasificando estrellas, tenían una mayor concentración y además le salían más baratas (como ahora mismo sucede) Fueron "las computadoras de Harvard".

     La relación periodo-luminosidad

Después de analizar miles de enormes placas fotográficas de las que se usaban a finales del siglo XIX y principios del XX, Henrietta Swan Leavitt se erigió en una de las astrónomas más destacadas del siglo XX, al establecer la relación entre la luminosidad de las cefeidas y el periodo con el que cambian de brillo. Descubrió que cuanto mayor era el brillo, más lentamente oscilaban; las más luminosas tenían periodos que superaban los 50 días, pero las más débiles podían hacerlo en sólo uno o dos días.

Este hallazgo, logrado por Leavitt en 1912, no sólo fue trascendental en el estudio de la naturaleza de las estrellas; también despejó el tortuoso camino hacia la comprensión de las verdaderas escalas cósmicas. Con el patrón establecido de la relación entre el periodo y la luminosidad, los astrónomos dispusieron de uno de los primeros métodos de cálculo efectivos para estudiar la distancia de estrellas lejanas, para las que el método de paralaje era insuficiente. Con éste, el movimiento de la Tierra alrededor del Sol nos permite comprobar el desplazamiento angular de una estrella próxima sobre el fondo del cielo, ya que nuestro planeta se separa unos 300 millones de kilómetros aproximadamente entre un extremo y otro de su órbita. Sin embargo, para los objetos más lejanos el margen es demasiado estrecho.

En la última década de siglo XIX, el Observatorio del Harvard College estableció en Perú una estación austral para fotografiar las constelaciones que no podían estudiarse desde la sede de Cambridge, en Massachusetts. Con el telescopio Bruce, el mismo que usó E. Emerson Barnard para su atlas de la Vía Láctea, se fotografiaron extensas áreas de los cielos australes, en especial las Nubes de Magallanes, cuyos estudios eran prácticamente inexistentes hasta ese momento por la circunstancia de que la mayoría de los astrónomos avanzados vivía en el hemisferio norte.

El Cosmos empezó a "verse". Harlow Shapley dijo en su día, "que le esperaba abundante labor al refractor de Bruce", pero después de la exploración de las Nubes de Magallanes con este instrumento "pasaron muchos años sin que las placas fotográficas nos ofrecieran más datos que los anotados así: «Gran cantidad de cúmulos de estrellas y de nebulosidades gaseosas que confirman las observacions visuales anteriores de Sir John Herschel y otros o también: «La extraordinaria riqueza de estrellas, que no se cuentan por centenares, sino por decenas de miles»". Pero Shapley añadía que "se había estado mirando a las Nubes de Magallanes durante 400 años, pero empezaron a verse a principios del siglo XX". Y ese logro fue obra de Henrietta Swan Leavitt, quien "sentada ante una mesa de trabajo en Cambridge estudiaba con su lente una confusa aglomeración de puntos negros sobre la placa de vidrio".

Durante toda su vida, el título profesional de Leavitt fue simplemente el de «ayudante» (assistant) y ella misma nunca pidió que la llamaran de otra forma. Padeció sordera al poco de comenzar su trabajo en el observatorio, que se acentuaría con los años, de modo que el silencio la acompañaría el resto de su vida. Murió de cáncer en 1921, a los 53 años. Tal y como cuenta Lightman, poco antes había dejado un testamento legando todos sus bienes y posesiones a su madre, en total no llegaban a los 345 dólares.

En 1925, cuatro años después de su muerte, el matemático sueco Gösta Mittang-Leffler escribió una carta a Henrietta Leavitt. Su intención era proponerla para ser nominada al Premio Nobel por sus trabajos sobre las estrellas variables y los cálculos de las distancias estelares. Sin embargo, y puesto que los premios Nobel no pueden ser entregados a título póstumo, nunca llegó a ser nominada.

Hoy en día, a modo de homenaje, el asteroide (5383) Leavitt y el Cráter Leavitt en la Luna deben su nombre a Henrietta Swan Leavitt, la gran astrónoma y «calculadora» americana.






sábado, 19 de octubre de 2013

Luisa de Medrano, Francisca de Nebrija


  Y otras mujeres universitarias

   Doctísimas Señoras:
Gracias a la correspondencia que mantuvieron con el humanista y cronista italiano Lucio Marineo Sículo, y a su libro Cosas memorables de España sabemos que usted, doña Luisa de Medrano, fue una de las primeras mujeres que ocupó un sillón en la Universidad. “En Salamanca conocimos a Luisa de Medrano, doncella eloqüentísima. A la que oymos, no solamente hablando como un orador, más bien leyendo y declarando en el estudio de Salamanca libros latinos públicamente”. Es difícil hallar algún otro testimonio sobre usted, a la que en ocasiones se la nombra como Lucía Medrana, es el caso del rector de Salamanca, Pedro de Torres, que confirma la obtención de la cátedra en 1508 exaltando su elocuencia y juventud. Se cree que nació en Atienza (Guadalajara), en 1484.

   Los Estudios Generales o Universidades de Cervera, Granada, Segovia, Sevilla, Toledo, Valladolid y sobre ellas, la de Salamanca a la que llegaron a concurrir siete mil alumnos, la mayor parte pertenecientes a la alta nobleza, y la recién inaugurada de Alcalá de Henares (1508) alcanzaron su mayor auge. “No es tenido por noble, -decía Pablo Giovio- el español que muestra aversión a las letras y a los estudios”.
No hay que ser muy sagaz para comprender que el número de mujeres afectadas por esta, “Costumbre no extendida fuera de España, esta de admitir a mujeres y que en este país dejó de serlo en tiempos posteriores”, fuese significativo en el ámbito europeo, aunque exiguo. De otro modo, el mismo Lucio Marineo no hubiese podido determinar: “Vimos los días pasados en la villa de Alcalá de Henares a la doncella Isabel de Vergara, (*) dottísima en letras latinas y griegas. Assí mismo, en Segovia, vimos a Juana Contreras, nuestra discípula, de muy claro ingenio y singular erudición”. Otra de las universitarias sobre la que tenemos noticias de su paso por la de Salamanca es Clara Chitera, que se hallaba inscrita en 1546.

   Fue en la Universidad de Alcalá de Henares donde usted, doña Francisca Martínez de Nebrija, impartió su docencia incluso es probable que naciera en ese mismo lugar, aunque la escasez de datos sobre usted es pareja a la de sus contemporáneas. Sólo sabemos que fue la única mujer de los siete hijos que tuvo su padre.
   Elio Antonio Martínez de Cala e Hinojosa, aquel que firmaba como “Nebricensis”, (latín) o como “N” en lengua romance para significar su procedencia de Nebrija, fue uno de los hombres más inteligente de Europa. De él sabemos que estudió Ciencias y Humanidades en la universidad salmantina y se trasladó a Italia donde anduvo por las universidades de Bolonia, Florencia, etc. Regresó de nuevo a España, en 1473 y conocemos su paso por las de Sevilla y Salamanca donde daba clases de Gramática y la recientemente fundada por el Cardenal Cisneros, donde impartía estudios de Retórica al tiempo que colaboraba en la elaboración de la Biblia Políglota Complutense.
   ¿Cómo podía alternar las clases entre una y otra ciudad?. Las distancias en su época se tardaban días en recorrerlas. ¿Acaso no será que desde el inicio usted, doña Francisca, asumió la enseñanza en el aula complutense?. Docencia que sólo sería reconocida a la muerte de su padre en 1522. Difícil es saber hasta dónde llegó su pluma y el espíritu heredado de una curiosidad intelectual como la de él. Unos conocimientos que abarcaron materias tan diversas como la arqueología, cosmografía, botánica, filosofía, teología, poética; que dio a la imprenta textos que van desde la revisión de discursos latinos y griegos, pasando por un Libro de la Educación; una Introducción a la Gramática latina y la famosísima Gramática de la lengua castellana con sus Reglas de Orthografía castellana.
   Nunca sabremos, doña Francisca, cuántos de esos libros estuvieron marcados por sus horas quitadas al sueño bajo la luz de las velas, pero sí que estamos seguros de su eficaz e incógnita colaboración.
  Hemos de agradecer la pervivencia de vuestros nombres por las alabanzas que sobre vosotras hicieron varones tan ilustres como el ya citado cronista italiano o Luis Vives en su libro Instrucción de la mujer cristiana, publicado en 1514. El pedagogo y filósofo reconoce las aptitudes intelectuales y el derecho a la instrucción que tenían las mujeres, dice : « Hay algunas doncellas que no son hábiles para aprender letras; así también hay de los hombres; otras tienen tan buen ingenio que parecen haber nacido para ellas o a lo menos, que no se les hacen dificultosas. Las primeras no se deben apremiar a que aprendan; las otras no se han de vedar, antes se deben halagar y atraer a ello y darles ánimo a la virtud a que se inclinan”.
   Isabel Losa o de Córdoba, como se la conoce por haber nacido en la ciudad andaluza hacia 1473, es otro de los nombres incorporados al florilegium de féminas graduadas, -gracias a Luis Vives-, que dice haber llamado su atención por sus estudios de latín, griego y hebreo y su saber en filosofía y teología, disciplinas en las que obtuvo el título de Doctora, alcanzando a departir desde el púlpito sobre ambas materias durante su estancia en Italia. Tras la muerte de su esposo ingresó en la Orden de las clarisas y fundó varios centros de beneficencia, muriendo en 1546 en la capital italiana.
  El derecho a saber debía ajustarse a las facultades propias del sexo y desgraciadamente el espíritu de la Reforma y Contrarreforma acabó con las aspiraciones femeninas y hacia 1590 se cerraron las puertas universitarias que no volverían a abrirse para las mujeres hasta bien entrado el siglo XX.
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   Mis doctas señoras: Vuestra independencia intelectual no puede dejar de sorprendernos, aunque ésta estuviese limitada a las clases privilegiadas vuestra actitud propició el auge de la cultura y el ser conocidas como puellae doctaes en toda Europa, sin embargo, también fuisteis las que con el tiempo visteis como erais tratadas de forma despectiva en amplias esferas sociales y sobre vosotras recayó el dicho popular:“Ni moza adivina, ni mujer latina”.
   Comenzó a imperar el pensamiento de Fray Luis de León quien expuso su retrato modelo de mujer cristiana, en su obra La perfecta casada dice: “Así como a la mujer buena y honesta la naturaleza no la hizo para el estudio de las ciencias, ni para los negocios de dificultades, sino para un solo oficio simple y doméstico, así les limitó del entender, y por consiguiente, les tasó las palabras y las razones”
.... “Y pues no las dotó Dios ni del ingenio que piden los negocios mayores ni de fuerzas que son menester para la guerra y el campo, mídanse con lo que son y conténtense con lo que es de su suerte, (y entiendan en su casa, y anden en ella) pues las hizo Dios para ella sola”.
   Las mujeres ávidas de cultura a las cuales ustedes representaron, se vieron confinadas a las rejas del hogar o del convento y se generalizó la idea de que la instrucción era perniciosa para las féminas siendo objeto de mofa en sátiras como, La culta latiniparla, de Quevedo o Calderón de la Barca que tampoco le fue a la zaga, cuando hace exclamar a uno de sus personajes, en su obra No hay burlas en el amor:
...”más remédielo yo
aquí el estudio acabó,
aquí dio fin la poesía,
libro en casa no ha de haber
de latín que yo no alcance.
Unas horas en romance
le bastan a una mujer,
labrar, bordar y coser
sepa sólo, deja al hombre
ésto, que te he de matar
si algo te escucho nombrar
que no sea por su nombre.

   ¡Ay!. Estos hijosdalgos que al comprobar la claridad de las mentes femeninas no se atreven a ponerlas en su círculo y temiendo no estar a la altura, tragan saliva e imponen sus cotas.
   Recibid nuestra admiración y respeto con flores de salvia.

  




(*) Es muy probable que sea la misma Isabel de Vergara a la que se atribuyó la traducción del libro de Erasmo, que María Cazalla negó haber escrito.